jueves, 27 de febrero de 2025

PAIN+OCEANS+KILLUS-SALAMANDRA-L´HOSPITALET DE LLOBREGAT-BCN-17-FEB-2025


Durante los últimos 35 años la figura del incombustible Peter Tägtgren ha estado vinculada a la escena extrema europea. El frontman, vocalista, multinstrumentista, productor..., sueco ha vinculado su nombre al de multitud de proyectos, aunque sin duda siempre será recordado por ser la mente creadora y el indiscutible pilar de los deathers Hypocrisy. Sin embargo sus inquietudes musicales siempre fueron un paso más allá, y ya desde mediados de la década de los noventa se interesó en profundidad en la, por aquel entonces, emergente escena del metal industrial. Pain fue el nombre que el polifacético Tägtgren eligió para su nueva criatura, encargándose prácticamente de todo, combinando el filo de las guitarras de orientación netamente metalera, la subliminal crudeza de su aplastante sección rítmica y una sucesión de diferentes ritmos y elementos electrónicos que servirían para dotar a su música de una identidad especial. Siguiendo esta fórmula, y acompañado de una banda solvente para apuntalar sus presentaciones en vivo, Pain han publicado nueve entregas de estudio, la última de ellas “I Am”, que veía la luz a mediados del pasado 2024. Precisamente con la excusa de presentar esta nueva entrega arriban las huestes que lidera Mr. Tägtgren a la Sala Salamandra de la Ciudad Condal, dispuestos a dejar patente que, pese a estar la cita programada para un lunes por la noche, la banda tiene munición suficiente para poner cualquier auditorio patas arriba.

Antes de que diéramos el pistoletazo de salida a lo que fue la fiesta del combo sueco tendríamos ocasión de disfrutar del directo de una banda de nuestro país. Una formación que lleva años dejándose la piel sobre los escenarios, ofreciendo una propuesta muy trabajada, -musical y estéticamente hablando-, y que nada tiene que envidiar a lo que proponen otras bandas que nos llegan con la aureola de estrellas emergentes desde más allá de nuestras fronteras: los villarrealenses Killus. Mientras que los encargados de amenizar los instantes previos al desembarco de Tägtgren y sus muchachos fueron unos viejos conocidos para los habituales de los conciertos en la capital catalana, los chicos de Oceans, quienes regresaban a esta misma sala tras su visita hace unos meses abriendo para otros clásicos de la escena internacional como son los griegos Septicflesh.


Los encargados de romper el hielo, y empezar a “dar cera” al personal, fueron Killus. Un servidor ha tenido ocasión de ver a la banda en diversas ocasiones a lo largo de los últimos años, y aunque siempre me he llevado una muy buena impresión, lo cierto es que esta noche se mostraron absolutamente intratables, funcionando como una maquina rotunda, compacta, perfectamente engrasada, y lo que es más importante supieron conectar con un público que se implicó al máximo y que participó activamente en muchos de los temas.

Sin duda uno de los responsables de la estrecha conexión que tuvieron Killus y el público barcelonés fue su frontman Javi Ssagittar, que se movió incansablemente por todo el escenario mientras no dejaba de animar e increpar a los integrantes de las primeras filas desde los compases iniciales de “Grotesk”. Y es que el ritmo contundente, frenético y machucón de su propuesta resultó ideal para que los más animados no pararán de saltar, -al igual que los propios músicos-, a lo largo de trallazos incendiarios y directos como “Man-Made Tragedy”.

Si el movimiento fue constante y frenético en los aledaños del escenario, sobre el mismo el guitarrista Ruk y el bajista Premutoxx no pararon de intercambiar sus posiciones. Especialmente llamativo me pareció el catálogo de disparatadas muecas que nos ofreció el segundo mientras no dejaba de aporrear las cuerdas de su instrumento. Y es que la descarga del cuarteto fue toda una explosión de intensidad y adrenalina, tal y como dejaron patente en ese revés sonoro que lleva por título “Paralyzed”.

Para rematar su escueta y explosiva descarga Killus nos brindaron los enérgicos ritmos de la siempre efectiva “Feel The Monster”, que nos pasaba por encima como una apisonadora gracias al punch de su infalible estribillo. Mientras que para rubricar su descarga optaron por una desconcertante versión del discotequero “Gimme! Gimme! Gimme” de Abba, tras la que se marcharon acompañados de una cerrada ovación.


Tras la seminal e implacable descarga de unos Killus que abandonaron el escenario habiendo convencido a todos los presentes, llegaba el momento de cambiar radicalmente de registro para adentrarnos en el mar de enrevesadas emociones, rotundos cambios de ritmo, e intensidad metal-core que nos brindaron Oceans. La banda presentó un montaje escénico bastante cuidado, con una proyección trasera presidiendo el escenario, sendas pancartas laterales con su logo, y el tridente de Neptuno ubicado en la parte frontal, justo delante de la posición de su frontman Timo Schwämmlein, que como buen lobo de mar, salió ataviado con un largo impermeable.

Al igual que ya sucediera en su anterior visita, el combo austroalemán desarrolló una propuesta de corte vanguardista, en la que convivieron los registros limpios y los desgarradores rugidos que nos propusieron Timo y también el bajista Thomas Winkelmann, desde que el cuarteto inauguró su descarga con “PARASITE”, que servía para que la banda tomara posiciones, saltando incansablemente mientras unas altas columnas de humo aparecían cada vez que encaraban su arrollador estribillo. Tras darnos la bienvenida, y recordarnos que habían estado en este mismo escenario hace tan solo unos meses, la banda siguió buceando en el material de su más reciente “Happy”. Así que las guitarras se tornarían más densas, pétreas e implacables a la hora de afrontar la inquietante “SPIT”.

Aunque la conexión con el público de Oceans no fue tan rotunda como la que tuvieron Killus, lo cierto es que el cuarteto intentó en todo momento implicar al respetable en su descarga. Es más, Timo nos invitó a que le acompañáramos a la hora de atacar “Breed Consume Die”, que fue la elegida para combinar atmósferas más envolventes y la implacable tenacidad de su agresivo estribillo. Habiéndonos ofrecido una buena muestra del material contenido en su lanzamiento del pasado año, era un buen momento para echar la vista atrás y centrar nuestro objetivo en lo que fue su primer EP “Into The Void”, dejando que fueran sus más fieles seguidores quienes se encargarán de entonar la pegadiza melodía de “Icarus”.

Con unas primera filas algo más animadas, fue durante “Shark Tooth”, cuando el cuarteto dejó muestras de sus influencias más netamente nu-metaleras, gracias a la pegada de sus líneas de bajo y a esos tempos que invitaban a los más animados a saltar cada vez que atacaban los desquiciantes increscendos que nos conducían sobre el estribillo del tema. La munición para seguir saltando la pondría “Take The Crown”, para acto seguido invitarnos a mover los brazos de izquierda a derecha siguiendo las indicaciones de su frontman.

Para encarar la recta final del show Oceans pidieron al respetable que se agachara antes de atacar los compases iniciales de “I Sing Alone”, para posteriormente ponernos a todos a botar. Ese dinamismo que marcó muchos de los temas que nos brindaron Oceans, alternando pasajes preñados de etéreas melodías y rotundos arreones de voracidad core, quedaría plasmado en la dualidad y viveza del imparable “Home”.

No abandonarían el material de lo que fue su anterior redondo, “Hell Is Where The Heart Is”, que vio la luz a finales de 2022, ya que “The Awakening” fue la elegida para desplegar un halo de hipnótico dramatismo, pese a que la voz de Timo se quedó algo corta en algunos de los pasajes más intimistas. Mientras que la elegida para zanjar esta nueva incursión en tierras catalanas fue “Sulfur”, mostrándonos su faceta más extrema y visceral en el arranque para posteriormente hacernos reptar por unos desarrollos más densos y tortuosos. En definitiva, solvente descarga de unos Oceans que mostraron actitud y buenas maneras, pero a los que creo que todavía les falta “algo” para conseguir conquistar al público.


Varias han sido las entrevistas a lo largo de los años en las que el carismático e incombustible Peter Tägtgren ha manifestado que la música es el motor de su vida. Quizás tengamos ahí la explicación de porque siempre ha estado involucrado en diferentes “aventuras” que le han permitido dar rienda suelta a muchas de sus inquietudes como músico. De entre todas ellas Pain puede que sea la más personal, ya que en sus entregas de estudio es Tägtgren es quien se encarga de absolutamente todo. En cualquier caso para presentar este particular combo de crudo metal y elementos electrónicos, el sueco ha sabido rodearse de una banda de auténticas garantías, tal y como tuvimos ocasión de comprobar a su paso por la Ciudad Condal.

Sin embargo, actualmente, un show de Pain no se ciñe únicamente al aspecto musical, y es que la banda presentó un cuidado montaje escénico, en el que además de la habitual proyección trasera, y algunos cambios puntuales de vestuario, -que sirvieron para dar al espectáculo un rollo de lo más cachondo, informal y divertido-, el cuarteto contó con un espectacular y vistoso juego de luces que ambientó muchos de los momentos culminantes de la velada. Mención especial merece la entrega de un público que, -pese a no ser muy numeroso-, se implicó al máximo: saltando, cantando y llevando al cuarteto en volandas para que acabara rubricando una fantástica actuación.

Ya desde el mismo arranque pudimos comprobar que nos enfrentábamos a una banda que salió a escena con las pilas bien cargadas, con el cuchillo entre los dientes, y dispuesta a no hacer prisioneros. Y es que con el escenario completamente teñido de rojo, -sin dejarnos prácticamente ni distinguir la silueta de los músicos-, la banda nos azotó inmisericordemente con el primer trallazo de la noche: “I Just Dropped by (To Say Goodbye)”, haciendo que las primeras filas se movieran intensamente mientras Tägtgren, -ataviado de riguroso negro, al igual que el resto de sus compañeros-, se paseaba con la guitarra colgada al cuello y micrófono en mano para convertirse en el centro de todas las miradas. Por supuesto que la noche estuvo llena de contrastes. Así que tras dejarnos una píldora de “I Am”, la banda nos propuso un viaje atrás en el tiempo, al pasado siglo, concretamente a 1999. Y es que el siguiente tema en sonar fue el discotequero “The End Of The Line”, que provocó la explosión de un respetable que no paró de saltar y cantar.

Por supuesto que a lo largo del show tampoco faltó el vacile, y es que Tägtgren no se cortó a la hora de parar en seco “Call Me”, que arrancaba con un amenazante riff marca de la casa para posteriormente dejar que fuera su compañero a las seis cuerdas, Sebastian Svalland, quien le diera la réplica en las partes vocales. Habiendo conseguido calentar los ánimos del personal, el nivel de intensidad no decrecería, ya que tras presentarnos a la banda llegaba el momento de convertir el recinto en una auténtica fiesta al dar buena cuenta de “Zombie Slam”, que como no podía ser de otra forma llegó acompañada de una buena ración de delirantes proyecciones mientras que el escenario quedaba oculto tras una estridente iluminación que combinó tonalidades rojizas y verdosas.

Varios fueron los momentos a lo largo del show en los que la comunión entre banda y público fue absoluta, en las que la complicidad se pudo palpar, con la gente totalmente entregada saltando siguiendo el frenético ritmo de la desconcertante “Suicide Machine”, que fue otra con las que Tägtgren y sus muchachos nos invitaron a mirar a lo que fueron sus primeras entregas de estudio. El nivel de intensidad continuaría creciendo durante “It´s Only Them”. La batalla no se detendría, sino que se tornaría más cruda y descarnada al centrar el cuarteto nuevamente su objetivo sobre su más reciente obra de estudio para asediarnos sin compasión con ese pelotazo implacable y seminal que lleva por título “Push The Pusher”.

Tras quedar el escenario desierto, y completamente a oscuras, mientras sonaba el interludio “12:42”, los músicos volverían a tomar posiciones, -luciendo para la ocasión unos atuendos de lo más extravagantes-, para atacar la disparata y desternillante “”Go With The Flow”. Sin embargo, no tardarían mucho en recuperar las habituales tonalidades oscuras en sus atuendos antes de invitarnos a transitar a través de las marciales melodías de “Same Old Song”. Con el nombre de la formación proyectado en la parte trasera del escenario arrancaba el descomunal medio tiempo “Don´t Make The Dead”, que comandado por las amenazantes líneas de bajo de Jonathan Olsson nos dejaba el escenario bañado en tonalidades azules.

Sin darnos tiempo para rehacernos del golpe, y fundido con el último acople del tema anterior, arrancaba “Revolution”, que hacía que el personal se viniera nuevamente arriba siguiendo la vivacidad del ritmo infernal y acelerado que nos propuso Sebastian Tägtgren. Fue sin duda durante el tramo central del show cuando tuvimos ocasión de vivir los momentos más calientes y destacados de la noche, con temas como “The Great Pretender”, o esa descomunal bomba de relojería que fue la novedosa “Party In My Head”, con la banda nuevamente luciendo estrafalarias indumentarias mientras las pelotas que habían lanzado sobre el público volaban incansablemente sobre nuestras cabezas. El disparatado show de Tägtgren y sus muchachos continuaría con “Have A Drink On Me”, que fue la escogida para poner el punto y seguido a la velada.

Aclamados por un respetable que se lo estaba pasando en grande, la banda no tardaría mucho en regresar a escena para rematar definitivamente el show con la tripleta que conformaron “Let Me Out”, que nos voló la cabeza con su locura discotequera, para posteriormente adentrarnos sobre “I´m Going In”; que con paso firme e implacable nos conduciría sobre ese ejercicio de altanería metalera que lleva por titulo “Shut Your Mouth”. ¡No va más! Peter Tägtgren y sus acólitos, o lo que es lo mismo Pain, demostraron que a día de hoy son una banda imprescindible dentro de la escena industrial europea. Quizás sus shows no sean tan espectaculares y vistosos como los de otros artistas del género, aunque tampoco creo que ese sea su objetivo. Sin embargo, lo que nadie puede rebatirles es su buen hacer a la hora de convertir cada una de sus descargas en una auténtica fiesta.




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